Camilo Andrés Rodríguez Márquez Colombia, 1982

Camilo se considera un creador. Su intención creativa trasciende el diseño y la fotografía; concibe la creación de mobiliario y su práctica fotográfica como elementos interconectados que convergen en un mismo sentido.

Es posible que haya estado buscando este sentido desde su infancia. Desde que tiene memoria, le ha fascinado el pasado: las culturas antiguas, las ciudades perdidas, los sitios ceremoniales, los artefactos y otros vestigios de civilizaciones. Sin embargo, su fascinación no ha girado tanto en torno a quiénes los crearon, cómo vivía la gente o qué función cumplían, sino más bien en torno a una conexión íntima y visceral con la forma.

Le atraen las ruinas, las aristas marcadas y aquellas estructuras que, construidas originalmente con un propósito, se han transformado en otra cosa: ecos difusos del pasado, reliquias de otras culturas que el tiempo ha convertido en nuevas realidades. Las formas monolíticas y el paso del tiempo permiten que materiales como la piedra, la madera, el vidrio y el hueso se transformen en algo distinto.

En el núcleo de su obra laten la fascinación por la erosión y el anhelo. Al artista le intriga la manera en que la naturaleza interviene y se impone, recordándonos que todo está en constante movimiento y que nada perdura: ni siquiera nosotros mismos.

Esta conexión profunda y cautivadora con el pasado es lo que impulsa al artista a crear: recrear esa experiencia a través de su obra y ofrecerla a los demás como una invitación a la reflexión. Su trabajo se convierte en una meditación sobre nuestra breve presencia en el mundo, la búsqueda inútil de la perfección, el flujo inevitable del cambio y una profunda reverencia hacia la naturaleza.