“La trayectoria de Sair García apenas comienza: Es aún difícil saber hacia dónde va a dirigirse, y con qué medios. Pero sin duda será una que nos puede tocar a todos, cierta, obsesiva, entrañable y tremenda.”
GUSTAVO ZALAMEA Noviembre de 2001
Las líneas que escribió el maestro Gustavo Zalamea a principios de siglo resultaron casi proféticas. Veinte años después, Sair García se ha establecido como uno de los artistas más consistentes de la escena artística colombiana. Su trabajo, que ha tratado de forma constante y respetuosa fenómenos como la violencia armada, la desaparición y el desplazamiento forzado, ha llegado a múltiples escenarios en los que ha hallado eco, tanto en los ambientes académicos y artísticos como en las esferas mal llamadas populares, que acuden ante su obra y se sienten identificadas con una realidad que aunque acontecida a cientos de kilómetros parece replicarse a rajatabla en cada territorio del globo.
Hablar del trabajo de este artista es, por regla, acudir a su lugar de origen, el cual resulta determinante a la hora comprender el porqué de los medios, materiales y temáticas que ha abordado en las dos décadas que completa su trayectoria artística. Nacido en la ciudad de Barrancabermeja en el año 1975, García vio transcurrir su niñez y adolescencia en la llamada ciudad petrolera de Colombia, a las orillas del afluente más importante del país: El Río Magdalena. Ribereño y Magdalénico vivió en carne propia la transformación de dicho río, que en sus palabras, pasó de ser “Un sitio lúdico, de diversión, a un contenedor de miedo y de muerte”. Aquella tierra que dio a los lugareños toda su bonanza, y que en sus aguas engendró una visión de mundo, una economía y unas dinámicas sociales basadas en el río, se vio perturbada por el recrudecimiento de la violencia armada en la zona del Magdalena medio. Las víctimas de otros pueblos bajaron por el río, las familias se desplazaron, muchos amigos, hermanos y padres desaparecieron, y entre todos ellos, el hermano mayor de Sair, quien hoy completa más de 33 años sin volver a su hogar. Así, el río dejó de ser un lugar seguro, para convertirse en el manto con el que se cubrían las atrocidades de una violencia que inició en los 50’s y que parece no tener fin.
Estos trasegares empujaron a García no solo a migrar de su tierra, sino a tratar de resolver aquellas dudas que emergieron de situaciones tan dolorosas. ¿Cómo mencionar lo indecible? ¿Cómo dejar memoria de la barbarie sin revictimizar?, para García la respuesta fue el arte. En el año 1996 se desplazó a Bogotá para ingresar a la Universidad de Nacional de Colombia al programa de Bellas Artes. Allí, sus preguntas se transformaron en apuestas plásticas que encontraron en el petróleo, madera, acero y óleo su medio de expresión. García ha logrado hacer inteligible lo abstracto-sensible, tomando como premisa principal la memoria, una memoria alimentada por una fuerte intención de respeto tanto formal como conceptual, hacía quienes lamentablemente forman parte del creciente colectivo de víctimas de la violencia de este país. Su trayectoria ha establecido un puente claro entre medio y temática, y través de series como Encuentros (2001), Atmósferas y Palafitos (2001-2004), La verdadera viuda, por favor, póngase de pie (2006), Realidades Paralelas (2008) Éxodos (2009-Actual), Lógica Matemática (2010), Estática Milagrosa (2013), Magdalena (2013) Souvenir (2012-2016), y La Arqueología del Oficio (2017-Actual), ha creado un diálogo donde el tema se halla potenciado en la materia que lo hace tangible. Así, el acero se ha hecho metáfora del río; el petróleo encarna la bruma que envuelve a quien, por la violencia, pierde su raíz para enfrentarse a lo desconocido; la interacción del cristal grabado con la luz da ilusión de vida a aquella imagen del desaparecido con la que su familia lo busca hasta la fatiga. Todo ello, en el marco de un postulado poético que busca decir sin obviedades.
El trabajo de García es finalmente, no solo una reivindicación a su propia historia, sino una búsqueda casi kantiana que desde la experiencia particular busca sentar memoria de un acontecer y sentir universales.

