Un artista queer colombiano, durante mucho tiempo ignorado, se ha convertido en la revelación de Art Basel Miami Beach. La obra de Luis Fernando Zapata, fallecido a principios de la década de 1990, está atrayendo una intensa atención por parte de la crítica y del mercado, marcando un importante redescubrimiento póstumo.
La práctica de Zapata, desarrollada en Medellín, fusionó el deseo queer, la imaginería católica y el folclore colombiano en esculturas, dibujos y performances que eran a la vez íntimos y teatrales. Durante décadas, su obra se mantuvo principalmente en los círculos académicos, mientras que sus contemporáneos alcanzaron mayor fama.
Su resurgimiento, impulsado por esfuerzos de archivo académico y una presentación en una galería durante la feria, se considera un reconocimiento cultural. Desafía las narrativas históricas sobre qué artistas del Sur Global, en particular aquellos que exploran la identidad queer, son preservados en la historia del arte.
Las piezas de Zapata, que tratan el cuerpo como un espacio de divinidad, placer y decadencia, resuenan poderosamente con los diálogos contemporáneos sobre género, sexualidad y memoria poscolonial. El stand que exhibe su obra se ha convertido en un punto focal de la feria, atrayendo tanto a coleccionistas experimentados como a nuevos públicos. Este momento significa más que una corrección del mercado; representa la conclusión tardía de un capítulo en la historia del arte, afirmando que el genio artístico marginado no puede ser permanente.


