El caos sensible es la primera exposición antológica que reúne ampliamente la obra de Ana María Rueda, destacando la evolución de su trabajo multidisciplinario a lo largo de más de cuarenta años, desde sus pinturas tempranas de la década de 1980 hasta nuevas piezas instalativas creadas específicamente para esta muestra.
La exposición toma su título del libro El caos sensible, escrito por Theodor Schwenk en 1962, y explora la inclinación de Rueda hacia las fuerzas fluidas de la naturaleza, así como la resonancia de su obra con las ideas de Schwenk sobre los patrones rítmicos del agua y el aire como elementos fundamentales para la preservación de los sistemas interconectados que permiten la vida.
Rueda es una artista que examina las conexiones entre el cuerpo humano, la tierra, el territorio, las plantas y los paisajes. Su trabajo se centra en la reciprocidad, la interdependencia, la vulnerabilidad y la resiliencia, creando ecosistemas visuales que cuestionan el lugar del ser humano en las dinámicas cambiantes de la naturaleza.
Su obra evoca texturas y procesos orgánicos a través de superficies complejas y estratificadas, reminiscentes de la tierra, las raíces y los líquidos en flujo. En series como Agua y Tierra (década de 1980), Yo soy también el otro (2011) y Primeras gotas sobre hierba seca (2023), la artista se inspira en los ciclos naturales de los ríos, las piedras y los jardines.
La instalación Consonancia (2025–2026), creada para esta exhibición, reinterpreta un conjunto de banderas —símbolos asociados a la conquista autoritaria de la tierra— al decorarlas con flores, proponiendo un gesto que desplaza el foco hacia lo natural y lo delicado, e invitando a reconocer la unidad y las conexiones que sostienen la vida.
A través de estas obras, Rueda reflexiona sobre la posibilidad de sanación y renovación después de la ruptura, abordando la fragilidad medioambiental, la pérdida y el olvido desde formas de resistencia sutil.


